Nuevo giro en el caso de Marius Borg Høiby. Hasta hace unas horas existía la posibilidad de que el hijo de la princesa Mette-Marit quedara en libertad bajo determinadas condiciones. Sin embargo, la Fiscalía ha concluido que el riesgo de reincidencia no se ha reducido lo suficiente como para autorizar su puesta en libertad. Por ello, solicitará que permanezca bajo custodia durante cuatro semanas más y con un brazalete electrónico, según ha informado la policía en un comunicado remitido a los medios locales.
"Estamos muy sorprendidos, porque la Fiscalía había indicado que debía ser puesto en libertad por considerarlo un caso de violencia inversa. No entendemos por qué han cambiado de opinión", ha declarado Petar Sekulic, uno de los abogados defensores de Høiby, al diario Aftenposten. "No diremos nada más al respecto por ahora; lo discutiremos en la audiencia judicial del lunes", ha añadido el letrado. La vista judicial está prevista para el próximo 10 de agosto en el Tribunal de Distrito de Oslo.
A pesar de este último giro, la defensa del hijo de la princesa ha logrado avances procesales significativos: primero la pulsera electrónica y después el traslado a Skaugum. Además, hasta hace unas horas, la Fiscalía General del Estado confirmó que evaluaban la posibilidad de ponerlo en libertad este mismo viernes. Finalmente no ha sido así.
El hijo mayor de la princesa Mette‑Marit lleva en prisión preventiva desde principios de febrero y, tras varios intentos, a mediados de julio se le concedió cumplir cuatro nuevas semanas de prisión preventiva con pulsera electrónica. De este modo pudo salir de la cárcel y trasladarse a la finca real de Skaugum, en Asker, propiedad de la Familia Real de Noruega. Recientemente, se estudiaba una medida más beneficiosa para él: la alarma inversa.
Al agotarse las cuatro semanas de prisión preventiva con pulsera electrónica, el caso entraba en un punto estrictamente procesal con solo dos vías posibles: o la Fiscalía solicitaba al tribunal una nueva prórroga de la preventiva y solo si el juez la autorizaba, Marius Borg volvería a la cárcel, o la Fiscalía decidía no pedir más preventiva, en cuyo caso la medida expiraba automáticamente y Marius quedaba en libertad, previsiblemente con una alarma inversa de violencia, un sistema de control telemático que monitorizaría su ubicación y activaría alertas si se acercara a las zonas protegidas de las víctimas. La Fiscalía ha tenido la última palabra, ya que el tribunal no actúa por iniciativa propia y la defensa no puede forzar ningún movimiento.
Hay que recordar que Marius Borg no ha estado en la cárcel por las violaciones (su condena no es firme y está recurrida), sino por el riesgo de que quebrante las órdenes de alejamiento o cometa nuevos delitos contra sus exparejas. Es más, cuando entró en prisión el pasado febrero fue al ser detenido por cuarta vez y después de haberse saltado sucesivas órdenes de alejamiento contra la chica del barrio de Frogner, es decir, la que era su novia en agosto de 2024 y la primera en llamar a la policía a raíz de un episodio de violencia doméstica.
Cabe señalar que el hijo de la princesa Mette-Marit, que ha logrado avances muy significativos, está asistido por la élite legal de Noruega, ya que ambos abogados de la defensa forman parte del reducido grupo de penalistas que asumen los casos más complejos y mediáticos del país, con trayectoria en grandes bufetes, amplia experiencia en derecho penal, también en la Fiscalía General del Estado y con presencia habitual en procedimientos de alto perfil.
Condena, apelación y contexto familiar
Como resumen del caso, un expediente judicial de 830 páginas y 7 semanas de juicio, el hijo de la princesa heredera Mette‑Marit fue condenado a cuatro años de prisión por dos violaciones, por maltrato a su exnovia Nora Haukland (la única conocida por su trabajo en televisión y como influencer), por violencia contra la llamada "mujer de Frogner", por delitos de drogas y por otros hechos menores. Fue absuelto de dos acusaciones de violación y siempre ha negado todas las acusaciones relativas a los delitos sexuales. Esa sentencia de cuatro años de prisión fue recurrida al Tribunal de Apelaciones y el resultado no se espera antes del 2027. Por otro lado, la Fiscalía General del Estado, que solicitó en primer término una pena de 7 años y 7 meses de prisión, considera que la condena debería ser más severa y también lo ha solicitado.
Mientras la Familia Real de Noruega atraviesa un momento tan delicado como excepcional: Mette‑Marit inicia un semestre decisivo de rehabilitación tras su trasplante de pulmón, la princesa Ingrid Alexandra ya ha regresado a Oslo después de un año universitario en Australia y el príncipe Sverre Magnus permanece discretamente en segundo plano. Es una coincidencia inédita, casi un paréntesis doméstico, en el que salud, presencia familiar y estabilidad institucional se alinean por primera vez en mucho tiempo. No obstante la recuperación de su imagen (que también se vio tocada por la vinculación de la princesa Mette-Marit con Jeffrey Epstein) no será total hasta que el caso Marius no tenga un desenlace.









